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LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE EN LA REGULACIÓN EMOCIONAL DE LOS NIÑOS

LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE EN LA REGULACIÓN EMOCIONAL DE LOS NIÑOS

La respiración consciente es una importante herramienta de auto-regulación. Nos hace notar al cuerpo y sus tensiones y apoya a calmar las emociones desbordadas o la mente inquieta. 

Por esto mismo es una habilidad que necesitamos fomentar en nuestros pequeños, sobre todo en los retos que nos enfrenta la vida contemporánea.
Cada vez en un mayor número de escuelas tienen actividades de yoga, consciencia plena, meditación y algunos artes marciales que van desarrollando esta habilidad desde edades tempranas.

La respiración consciente es algo que podemos aprender desde muy pequeños por el simple hecho de imitar, por cómo funcionan las neuronas espejo. Si ves a tu bebé de 4 meses de frente y tomas un gran respiro, es muy posible que intente hacer lo mismo.

Conforme van creciendo puedes ir educando la actividad. Cuando estén sensibles, cansados o irritables, puedes tomarlos en tus brazos y mientras los arrullas decir: Respira...respiremos y hacerlo tú, tu bebe sentirá la sensación de tu pecho y poco a poco la irá incorporando a su lenguaje corporal. 

Alrededor del año los niños comienzan a poder soplar de forma voluntaria, ese sería el segundo paso. Puedes empezar a soplar en una flauta, un espanta-suegras, una vela, soplar granitos de sal en la mesa, un silbato o hacer burbujas con un popote en un vaso con agua; E invitarlos a que intenten soplar. Tomará algún tiempo así que sé paciente. 
Cuando desarrollen esta habilidad tendrán ya una parte muy importante de la respiración consciente: La exhalación.
Cuando son más grandes, sobre todo llegando a los 2 años, y que por una cuestión NORMAL de desarrollo comienzan a experimentar emociones intensas y perder el control de las mismas, resulta útil que puedan respirar de forma consciente para ir tomando calma. Pero eso no sucede de forma sencilla por dos razones: La primera, por que el concepto de "respira", de forma integral, es complejo en esa edad. Y segundo, por que cuando un niñ@ ha perdido el control si tu le dices: "respira", seguro se va a molestar más. 

Así que para calmar las aguas en esos momentos lo que hay que hacer es conectar, primero que nada, reconocer la emoción: "Lamento que estés molest@, triste, cansad@, etc. Recuerda que si gritamos y lloramos no podemos hablar ni entendernos, vamos a tranquilizarnos y hablar de lo sucedido. ¿Te acuerdas como apagas la vela? sopla conmigo..." 

Desde el primer soplido (exhalación) notarás como se relaja un poco, depende de la situación las veces que tenga que hacerse, en ocasiones tienes que estar hablando de soplar burbujas en medio de la guerra, pero créeme tendrá sus recompensas. 

Si solo decimos "respira" no es una acción comprensible al inicio, por lo tanto, ni realizable; Pero al exhalar (soplar) por fuerza natural tienen que volver a inhalar y es ahí donde se completa un ciclo. 

Con el tiempo ellos notarán que respirar, soplar o exhalar es cómodo, se siente bien en el cuerpo tenso, la mente se acomoda y será una actividad que, si se continua fomentando, comiencen a hacer con más frecuencia y sin que tengas que recordar.

Quizá llegue un momento en que decir: "Vamos a respirar" implique respirar conscientemente pero también implique calmarse, reconocerse, guardar silencio y después abordar cualquier cosa con mayor calma y lucidez. 

Estoy segura que habrá mas de algún día en el que te noten enfadad@ o que estas perdiendo el control y ellos mismos sean los que te digan: "Respira mamá" o "Respira papá" y entonces este proceso será muy útil también para ti mism@. 

  • Alondra Ramírez
MANUALIDADES con los más pequeños. Guía práctica

MANUALIDADES con los más pequeños. Guía práctica

Te platico que soy muy fan de hacer manualidades con mis hijos, me parece una forma divertida de pasar el tiempo y de paso en el proceso aprendemos muchas cosas interesantes además de vincularnos  de forma efectiva. Ponemos en práctica muchos conceptos que aunque sea a través del juego se convertirán en herramientas que les servirán para la vida y el desarrollo emocional; La anticipación, paciencia, organización, seguimiento de indicaciones, imaginación, habilidad motora fina y muchas otras. 

Nosotros seguimos estos sencillos pasos para cada proyecto:

1) PLANEACIÓN:

YouTube, Pinterest y Facebook tienen un sin fin de propuestas de manualidades especiales para niños y muy sencillas de realizar. Es importante que tus hijos participen en el proceso de selección pues de esta manera se mostrarán más disponibles e interesados al momento de la actividad.

Involúcralos preguntándoles qué les gustaría hacer o por qué les ha llamado la atención cierta actividad. Esto también te ayudará a conocer más a tus hijos y sus intereses. 

Trata de darles a escoger actividades que no sean muy difíciles de realizar o vayan a tomar demasiado tiempo, según la edad de tus hijos, se razonable con su capacidad de atención y de paciencia.  Así que lo primero es, entre todos, escoger algo para hacer. 

2) REVISIÓN DE MATERIALES:

El segundo paso es hacer una lista de qué materiales van a necesitar para realizar la manualidad. Depende mucho de la actividad que decidan realizar, pero para la mayoría de ellas muchos de los materiales que se necesitan ya los tienes en casa y solo unos pocos se tienen que comprar. Así que puedes palomear en la lista los materiales que tienes disponibles y  organizarte para comprar el resto. 

En este punto puedes preguntar a tus hijos dónde se les ocurre que se pueden comprar los materiales que faltan, hablar de los tipos de tiendas y qué cosas venden en ellas, o quién podría tener eso que hace falta o cómo conseguirlo. Te asombrarás de la memoria de tus hijos y su capacidad para conectar conceptos. 

3) VIAJE A CONSEGUIR MATERIALES:

Sería ideal que tuvieras que ir solo a un lugar a conseguir los materiales y puedes por ejemplo aprovechar una ida al super para además comprar lo de tu lista. O pasar a visitar a la abuela y pedirle algún elemento que te haga falta. Aunque también si quieres puedes organizar un periodo de tiempo para solo esta tarea. 

Dales a tus hijos la lista y nómbralos encargados de verificar la lista, puedes preguntarles qué te hace falta o a que otro lugar hay que ir. A ellos les encantará ser parte activa de la tarea. 

Si no consiguen algún material pueden hablar entre todos la mejor manera de remplazarlo. No importa la edad de tus pequeños siempre pide su opinión, si son muy pequeños vas a divertirte con sus ocurrentes respuestas y si son mayores vas a sorprenderte de su capacidad de imaginación. 

4) REALIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD:

Ahora es momento de poner manos a la obra, busca un momento adecuado en el día, donde nadie este cansado, con hambre o de mal humor (no tiene que ser el mismo día que planeas o que compras todo). Designa un lugar apropiado para la actividad, si es con agua quizá el jardín es la mejor opción o si van a pintar quizá el piso lleno de periódicos, etc. 

¡Reúne los materiales en el sitio y a comenzar! Delega a tus hijos pequeñas tareas de acuerdo a su edad y motívalos a revisar las instrucciones y a seguirlas. Una parte importante del proceso es poder seguir las instrucciones e ir paso a paso.

Cuando las manualidades son largas o mas complicadas funciona dividirlas en dos partes.  Poco a poco iras viendo qué les motiva más y en qué están perdiendo interés y esto te permitirá ir re-direccionando la actividad para que no se pierda el objetivo. 

¿Cuál es el objetivo principal? Que todos pasen un buen rato.

En este link encontrarás ideas muy padres para empezar: 

https://www.youtube.com/channel/UC57XAjJ04TY8gNxOWf-Sy0Q

 

  • Alondra Ramírez
BLW

BLW

Tengo un mes con la alimentación complementaria, con mi primera hija no tenia mucha información así que pasamos del pecho a la papilla en todas sus presentaciones. Después de algún tiempo comencé a leer un poco del BLW (baby led weaning), un método de alimentación libre de papillas.

En un inicio la idea asusta: atragantamiento seguro, es lo que primero pensé. Luego leí otras cosas que me hicieron más sentido, como la recomendación de no obligar ni distraer para dar de comer y la de ofrecer aquello que tú comes y cocinas. Uf, ahorrarme la esterilizada de todo lo que entrará en la boca de mi bebé y la extensa planeación y preparación de papillas no sonaba nada mal. 

El tema descansó algunos años hasta que llegó el turno de mi otro hijo. En este caso, mucho más preparada y empoderada en mi maternidad, y con la tranquilidad de saber que la leche materna es el principal alimento hasta el año, no tuve la urgencia de correr a insertar la cuchara con papilla de zanahoria en el día uno de los 6 meses. 

Así que retomé el tema, sin prisa y sin miedo; ésa es la cosa bella de la maternidad, que con cada hijo da sabiduría y tranquilidad. Comencé poniendo unos pedazos de chayote en la mesa (cortados delgados y largos); mi hijo jugaba, los aplastaba y con poca coordinación trataba de llevarlos a la boca, a veces con éxito y veces sin. La primera probada fue de asco, la segunda le buscó el sabor, la tercera a base de arcadas escupió de regreso un pedazo que es había acercado a su garganta. 

La verdad, estuve tranquila todo el tiempo, porque por una parte entendí que el atragantamiento no es hacer arcadas y por otra me parecía perfectamente normal que, después de 6 meses de solo pasar líquidos, la sensación de pasar algo más pastoso y con más volumen fuera muy extraña. 

Poco a poco avanzaron los días y me di cuenta de varias cosas: por una parte él perfeccionaba la técnica de tomar comida y llevarla a su boca, y la de masticar y escupir o tragar con éxito; por otra, yo estaba sumamente a gusto y sin presión a la hora de la comida. No tenia que hacer comida especial, solo ofrecer alguna verdura o fruta disponible, cocida o cruda. Qué delicia, mi pequeño de tan solo 6 meses estaba integrado a la dinámica de comida familiar.

Me di cuenta también que incluso hasta para una elección tan sencilla como introducir a la alimentación complementaria hay formas más respetuosas que otras, y con respeto me refiero a que respetan el desarrollo natural de un niño.

Esta técnica le ha permitido comer a su ritmo, la cantidad que quiere, los alimentos que le gustan; le ha permitido perfeccionar poco a poco su manera de comer y saborear. Me da a mí la oportunidad de ver qué le gusta y qué le llama la atención, qué texturas no son de su agrado e incluso qué temperaturas prefiere. ¿Cómo me doy cuenta? Solo observándolo y viendo cómo come y qué cosas toma y mastica. 

Me di cuenta de que, al estar dando cucharadas con alimentos molidos en licuadora, te pierdes todo este proceso que en verdad es maravilloso. Todo el proceso de experimentar la comida tal y como es, no solo los sabores. El proceso de avanzar en perfeccionar las habilidades para elegir, llevar cosas a la boca, probar, masticar, pasar.

La experiencia de la alimentación complementaria en los primeros 6 meses es educativa, exploratoria; las funciones nutricionales que satisface en comparación con la leche son pocas. Como asesora en lactancia materna, promuevo la libre demanda y el prendimiento precoz a la hora de nacimiento, acompaño a madres y a bebés y veo cómo ellos perfeccionan su forma de mamar conforme pasan los días, cómo la leche cambia volumen y propiedades Y los bebés deciden cuándo y cuánto necesitan comer, y en estos principios se basa en gran medida el éxito de la lactancia; por todo eso, me hace muchísimo sentido que la alimentación complementaria siga esta línea de respeto al desarrollo. 

Tuve muchas ganas de compartirlo porque, además de que ha sido una grata experiencia, fue un gran descubrimiento para mí. Estoy disfrutando esta etapa muchísimo. ¿Cómo ha sido tu alimentación complementaria? 

  • Alondra Ramírez
¿Quién soy?

¿Quién soy?

Mi nombre es Alondra Ramírez, soy mamá de dos maravillosos seres aquí en la tierra y otros dos en el cielo, este acontecimiento me cambió la vida. Soy licenciada en ciencias de la comunicación.

En mi maternidad, transformadora como todas estoy segura, me di cuenta de la importancia que tiene sentirse contenida, guiada, comprendida y escuchada. De la necesidad tan grande que hay de volver a lo natural, a las raíces, a NUESTRA ESENCIA. De lo vital que es re-descubrirnos, llenarnos de plenitud y estar dispuestas a aprender día a día superando cada reto.

Considero que la maternidad y la paternidad es una tarea que requiere una educación diaria.

Es por eso que me convertí en consultora internacional certificada en lactancia materna (IBCLC),  ahora diplomada en parentalidad, apego, y desarrollo en la infancia. Además de estar especializada en sueño infantil, destete respetuoso y certificada en disciplina positiva.

Emprendí +Corazón, con esta inmensa necesidad de compartir la creencia, como lo cita uno de mis cuentos preferidos, de que "Solo con el corazón se ve bien, lo esencial es invisible a los ojos". Para ver bien hay que abrir el corazón, el alma. Con la firme convicción de que el mundo necesita más de eso, más amor, más empatía, más respeto, MÁS CORAZÓN.

Más Corazón es un proyecto que promueve la lactancia, la crianza consciente y las alternativas naturales para una vida sana. De alguna manera quiero que todas las madres y los padres tengan a la mano y en un mismo lugar todas las herramientas para lograr una p/maternidad plena.
En el espacio que hemos creado y cuyos fines van más allá de lo comercial, ofrecemos servicios de consultorías, asesorías, acompañamiento y apoyo a la maternidad.
En la Escuela en Línea para Padres podrás tener acceso a muchísimos temas de interés con ponentes profesionales de muchas partes del mundo. Es una plataforma en la que puedes aprender y resolver dudas sin salir de casa.
Me encanta que este espacio sea y espero siga siendo... sombra, refugio y apoyo de p/maternidades conscientes que quieran cambiar al mundo.
Sinceramente,
Alondra Ramírez
  • Alondra Ramírez
Pégatelo

Pégatelo

La forma científica de esta frase de múltiples significados y connotaciones sería “ponlo al pecho”. Aunque es bien sabido que su forma coloquial es la más utilizada en asuntos de lactancia, sobre todo cuando familiares, profesionales de la salud, amistades y cualquier otro curioso que acompañe un puerperio —que, claro, no sea de la opinión de meter un bote de fórmula de buenas a primeras— se han quedado sin idea de cómo ayudar a la madre en turno. Bien sea por algún problema emocional, físico o incluso del recién nacido. "Tú pégatelo" o, en su forma repetitiva, "pégatelo, pégatelo, pégatelo", es la frase mas concurrida cuando de auxiliar se trata. 

 

¿Por qué lo sé? Pues bueno: porque, antes de enterarme que existen personas que estudian para acompañar los procesos de lactancia de las madres, que bien pueden suceder como en las nubes o en el inframundo, fue la frase que varias veces me repitieron.

En el hospital, por ejemplo: al de pedir el alojamiento conjunto (esto es, que tu bebé se queda en tu cuarto y no en el cunero), enfrente de varios ojos incrédulos y miradas reprobatorias y habiendo firmado una hoja escrita por las enfermeras en la que prácticamente decía que me hacía cargo de mi bebé (cosa que fue bastante rara, puesto que antes de firmar eso yo ya daba por entendido que así era). Incluso tomé una fotografía a dicho escrito pues me parecía lo suficientemente simpático y a la vez, terrorífico. 

Después de una serie de protocolos un poco improvisados debido a la incapacidad de algunos de nuestros hospitales en la cuestión humanitaria, por fin me entregaron en brazos a mi recién parida hija, cosa extraña porque lo normal es verlos al día siguiente o a las muchas horas, según sea el caso. Justo lo primero que me dijo la enfermera cuando vio mi mirada de pánico de madre primeriza al recibirla en mis brazos, todavía húmeda y calientita, fue: "Pégatela". En mi cabeza: "Oh, por Dios, y ya firmé la carta; si no la atiendo bien, morirá y será mi culpa".

Después de 10 respiraciones... "Pégatela". Ok. Todos tranquilos, esto es lo que quiero hacer; lo he visto en las películas, en Friends Rachel lo hizo muy bien, muy fácil todo, seguro yo también puedo... ¿Cómo me la pego?

Y así, después de una serie de posiciones extrañas, manipulaciones de chichi y de bebé “pegándomela” al pecho en las maneras menos mamíferas posibles y con mi hija llorando por primera vez en mis brazos, en un grito de hambre y posteriormente llorando las dos, terminé por darle un biberón.

Ésa fue mi iniciación a la lactancia. Me costó unas semanas corregir el rumbo de no haber entendido el verdadero significado de “pégatelo” o lo que se supondría que debe significar. Gracias a mi esposo, ambos convencidos de que queríamos lo mejor para nuestra hija y eso era justo darle leche materna, encontramos una asesora de lactancia que con paciencia, amor y guía, justo como toda lactancia debe iniciar, nos mostró el camino para que mi hija tomará el pecho y fuera alimentada exclusivamente con él.

Quiero compartir el significado verdadero de “pégatelo” por si es que hay más madres por ahí que, como yo, no entendieron lo que en realidad quiere decir.

Pégatelo

Proviene del latín picare o pegar, que significa: adherir una cosa con otra de modo que entre las dos no quede espacio alguno.

Acción y efecto de acercar al bebé desnudo recién nacido al pecho de la madre, desnudo de igual manera. Sentirse, reconocerse, olerse, saberse uno como parte del otro de manera divina en un milagro. Respirar, relajarse, oxigenarse, confiar, dejar que el instinto natural se apodere de ambos para abrir paso a la lactancia de manera suave. Una vez que madre y bebé, en esta perfecta armonía, cuyas raíces viajan miles de años a nuestros antepasados, haya sido capaz de recordar genéticamente e instintivamente el camino, el cuerpo hará lo necesario sin dejarse interrumpir por nada. Cuando el recién nacido tome el pecho de la madre y se nutra de él en todos los sentidos, sabremos que la acción habrá sido exitosa. El deber único de la madre después de esto es aferrarse con todas sus fuerzas a este instinto primario, confiar en él y no dejarlo ir jamás.

  • Alondra Ramírez
Entre tus manos

Entre tus manos

Tengo varios meses diciendo que estoy bien, que ya estoy bien. Pero creo que debo empezar por aceptar que quizá no. No tengo entendido muy bien la duración de un duelo, menos de aquel en el que se pierde un hijo, pero supongo que no es corto ni sencillo, ni algo que se lleve fácilmente o sin ayuda, como en un inicio creí. Aceptar es el primer paso, regalarme estas palabras me parece también otro paso a la sanación.

Mi embarazo se dio muy sencillo, la única diferencia con el pasado fue que los malestares comenzaron antes y mucho más terribles. Siendo mamá de una hermosa niña lo viví diferente también en el sentido de estar agobiada por la logística de todo, anticipando el futuro demasiado, dando por sentado mucho más de lo que esta al alcance de uno.

El tercer eco rebeló que eran dos bebés, no sólo uno. No puedo describir lo que sentí, grité, lloré y me sentí emocionada, pero sobre todo tuve mucho miedo. ¿Qué haremos? ¿Cómo?¿Cuándo? ¿Dónde? Eran preguntas que estaban en mi cabeza todo el tiempo. Aunadas a una lista interminable de cuidados a seguir, por ser un embarazo considerado de riesgo.

Los embarazos son pesados en general, o al menos para mí lo han sido; éste en específico fue terrible en ese sentido, un buen día era aquel en el que sólo vomitaba las tres comidas del día y no entre ellas. La panza era mucho más grande y más cada vez, limitando mucho la movilidad y, pese a que según yo estaría más tranquila, pues ya conocía un poco el camino, me encontraba a diario con síntomas y dolores extraños que sólo me llenaban de miedo.

La doble planeación puso una enorme presión familiar: se hicieron ajustes, se cerraron ciclos, proyectos, pensando justo en que estaría inmersa solo en la maternidad un largo tiempo. Justo apenas cuando pude ir calmando toda esa tormenta externa y dije: ahora sí que venga lo que venga, el médico tuvo noticias preocupantes: el líquido amniótico comenzó a aumentar más de lo normal.

En ese momento el médico sugirió limitar las actividades: ya no podría cargar a mi hija, caminar más de dos cuadras, estar parada más de 20 minutos ni ayudar en ninguna tarea, pues en el primer diagnóstico se pensó que esta condición se debía a que había tenido mucha actividad. Para la siguiente cita, la situación no mejoraba, y se comenzaron a ver otras opciones, las cuales no eran muy alentadoras, pues todas tenían un alto porcentaje de complicaciones y además no todos los procedimientos se hacían en mi ciudad.

Básicamente lo que habría que hacer era introducir una aguja por el estómago y sacar el líquido, cosa que de entrada no solucionaría el problema que al parecer estaba siendo ocasionado por un síndrome de transfusión fetal, al compartir la misma placenta. Luego, si eso no dañaba el embarazo, habría que separar los cordones umbilicales cruzados en la placenta para que el líquido se dejara de producir en gran cantidad en una bolsa. En esta última cita, el médico, apurado, comentó revisar el caso con un equipo médico y ver qué era la mejor opción. Mientras tanto, reposo absoluto.

Mi madre tuvo cinco abortos espontáneos; yo soy hija única, la única de seis. No está de más decir que siempre tuve miedo y justo éste, el que creía yo mi último embarazo, al pasar los tres meses dije: Ya la libré de pérdidas, he sanado esto. Pues no, a esta última cita con el doctor me acompañó mi madre; la noticia, lo sé por su cara, le sacudió las entrañas; todo el camino de regreso lloramos, de verdad lloramos y no en silencio, por el simple hecho de pensar en la posibilidad de perderlos. Mis hijos, Iván y Matías, estaban totalmente formados, se movían como locos llenos de vida e incluso tenían personalidades diferentes, ya que se comportaban muy distinto en los ecos; yo no toleraba ni medianamente la posibilidad de perderlos, no toleraba la idea de perder unos bebecitos.

Tres días después, mientras mi caso era consultado por expertos y pese a haber seguido absolutamente cada instrucción del médico, comencé un trabajo de parto intenso que fue imposible detener. Mi útero, lo suficientemente grande para un bebé a término debido al exceso de líquido, inició su trabajo. A partir de ahí todo sucedió demasiado rápido, mi vida ahora también estaba en peligro y había que movilizarse. Nadie nunca se sentó con calma a decirnos: Están a punto de perder a sus hijos; por favor, prepárense. Todo, por las circunstancias, se dio por hecho, en un silencio de terrible y profundo dolor; lo demás fueron sólo instrucciones. Corre al hospital, hospital lleno, buscar otro hospital, hablar al seguro, avisar a nuestros padres, en fin.

En el hospital tuve 7 horas de trabajo de parto, 7 horas de oleadas intensas de contracciones que, en vez de darle paso a la vida, se lo daban a la muerte. Las posibilidades de que ellos vivieran eran pocas y por protocolo a esa edad gestacional no son intervenidos. Yo sólo pensaba darles a mis hijos lo mejor de mí el tiempo que los tuviera conmigo, sólo pensaba que quería que murieran en mis brazos con el sonido de mi voz regalándoles paz, y no en ningún otro lugar. La muerte era inevitable. Lo único que pedí fue que los pusieran en mi pecho apenas nacieran.

Todo el tiempo, durante mi trabajo de parto, acompañada amorosamente de mi esposo, quien es la mejor doula que conozco hasta hoy, inundados de profunda tristeza pero entereza, canté: "Entre tus manos está mi vida, señor; entre tus manos pongo mi existir. Si el grano de trigo no muere, si no muere, solo quedará; pero, si muere, en la abundancia dará un fruto eterno que no morirá. Hay que morir para vivir; entre tus manos confío mi ser". Y así, encomendada a Dios, puedo decir que no sentía dolor en las contracciones, pues el dolor de mi alma superaba todos.

Así fue como después de unas horas nació primero Iván; era el más grande; después de eso, Matías; no lloraron, pero nacieron vivos y en menos de 10 segundos estaban en mi pecho. Hermosos, completamente formados, húmedos, calientitos, moviéndose, estirándose, pero eran demasiado pequeños, tan solo un poco mas grandes que la palma de mi mano. Tenían peso, recuerdo que sentí que pesaban mucho, a veces todavía tengo esa sensación de los dos moviéndose en mi pecho. Mi esposo y yo los llenamos de besos, les hablamos, les canté. En un torpe ritual, con un hospital colapsado por la inusual situación, se bautizaron. Y así, acompañando esta cortísima transición por la vida y la muerte, estuvimos como dos horas, hasta que poco a poco dejaron de moverse, de respirar. Pero lo que nunca olvidaré es que se volvieron tan livianos que era como que no estuvieran ahí. Ahora pienso que ya no estaban. Me costó mucho trabajo entregar sus cuerpecitos, quería que fueran tratados y cuidados con muchísimo respeto, con muchísimo amor; el desprendimiento físico fue igual de doloroso que el espiritual y no dejaba de repetirme: ahí ya no están tus hijos, tus hijos son parte de algo mucho más grande ahora, déjalos ir. Muy difícil. Uno quiere aferrarse a lo que ama con garras y dientes, la muerte es muy compleja porque trata de todo lo contrario.

Estuve y de pronto me siguen atormentado los “hubiera”, las posibilidades. Más de alguna vez me encuentro un articulo en el internet, no sé si cierto o falso, que habla de un bebé que sobrevivió con 22 semanas de gestación y pienso que quizá debí hacer algo más y me paso una tarde pensando en ese 11% de probabilidades. Ya culpé al doctor, lo perdoné, perdí la fe, la recuperé, investigué en internet todas las estadísticas e incluso he tratado de tomar un punto de vista más espiritual, pensando que “todo pasa por algo”. Pero la culpa aún me atormenta; la culpa, con cosas como que me quejé mucho en el embarazo: estaba molesta, incómoda, adolorida, que no les hablé lo suficiente mientras estaban en mi panza, que no me puse en paz desde el inicio, que no fui agradecida, que estuve más preocupada por dónde meter tres carriolas que por disfrutar, por no estar en el presente atesorando esas hermosas vidas que guardaba en mi vientre. Lo único positivo que me queda ahora de esta gran pena es que aprendí a agradecer absolutamente todo, porque nunca se sabe cuánto durará o qué va a pasar después. Y no quiero pensar que es lo único que tenía que aprender. 

Me gusta pensar que eran dos almas con una tarea muy corta para realizar, algo muy pequeño a cumplir para trascender; tengo claro que somos más que carne y hueso. Me siento honrada de que nos hayan elegido, de que consideraron que tendríamos la entereza necesaria para acompañar este breve proceso con fortaleza y amor. No sé si todas las parejas pasarían por algo así; en el hospital insistían mucho que no los viéramos, que sería muy duro; sin embargo, para nosotros lo duro era que no murieran en nuestros brazos. Me gusta pensar que otras parejas sí lo harían porque me da la esperanza de un mundo más humano y con más conciencia. También me gusta pensar que no, porque me hace sentir muy especial.

Mi realidad ahora es que los extraño demasiado. Tengo una hija hermosa que ha sido y es un motor importante,  pero llevo un dolor muy grande en el pecho, y no sé, pero no creo que el dolor de perder a dos hijos se vaya nunca del corazón. Todavía hace unos días me llego un mail, no sé por qué, de una aplicación del celular, esas que usas cuando estás embarazada y luego, después del nacimiento, te notifica el desarrollo que debe ir teniendo tu bebé. Olvidé borrarla y el mail me notificaba que mi bebé, mis bebés, ahora comenzarían a probar su voz. Conforme brotaban lágrimas de mis ojos empecé a pensar: ¿Qué me querrá decir esta voz? Y trato, llevo unos días tratando de escucharla, de escucharme; me ha comenzado por decir que acepte, que acepte que tengo un duelo grande, mucha tristeza y, aunque la vida siga su curso en el día a día,  hay cosas dentro de mí que aún se estarán resolviendo constantemente.

En octubre se conmemora de forma internacional la concientización de muertes perinatales e infantiles, me uno a esta celebración compartiendo esta historia que callé durante algún tiempo. Espero que todas las madres que han pasado por algo así puedan darle voz, de la forma que sea, a su duelo. Que lo vivan contenidas y acompañadas, que puedan llorar todo lo necesario, que rompan el silencio, que se permitan sentir, que no se convierta en un fantasma que las acecha y las toma desprevenidas y que no pase de largo el aprendizaje que deja tan dura experiencia. La pérdida de un hijo no debe pasar desapercibida, ni vivirse sola o en silencio, sépanlo. Mi corazón con ustedes. 

  • Alondra Ramírez